La décima edición de las Jornadas de Patrimonio, celebrada los días 10 y 11 de octubre, ha puesto sobre la mesa los últimos descubrimientos relacionados con el yacimiento de Lacipo, proponiendo un cambio de modelo en la interpretación de esta ciudad romana que debió organizar un amplio territorio que pudo abarcar desde el río Guadiaro hasta el río Monterroso, incluso más al este.

El 50 aniversario de las excavaciones dirigidas por Rafael Puertas Tricas en 1975 y 1976 ha servido como argumento para dedicar la décima edición de las Jornadas de Patrimonio de Casares a este emblemático yacimiento. A ello se suman los indicios de nuevos edificios hallados en su entorno, fruto de las prospecciones realizadas para la Carta Arqueológica de Casares y sus posteriores revisiones (Suárez Padilla y Tomassetti Guerra, 2010; Tomassetti Guerra y Suárez Padilla, 2013; Pérez Ramos, 2025).

Estos descubrimientos se complementan con otras líneas de investigación surgidas a partir de información documental recientemente revisada, análisis de imágenes aéreas y de modelos digitales del terreno, que sugieren una posible centuriación agrícola del territorio y un embarcadero en el río Guadiaro.

La presentación de todo ello corrió a cargo de Javier Martos Martín (Acaire S. Coop. And.), quien junto a José María Tomassetti Guerra (Arqueotectura S. L.) e Ildefonso Navarro Luengo (ayuntamiento de Estepona), promueve las actividades programadas con motivo del aniversario, bajo el patrocinio del Ayuntamiento de Casares.

Lacipo según la visión tradicional.

Las excavaciones de los años setenta definieron a Lacipo como una ciudad romana de tamaño medio, asentada en terrazas sobre un espolón rocoso y protegida por murallas.

En su interior se situarían el foro, un posible templo y zonas domésticas con viviendas, talleres y almacenes. En su entorno existiría una necrópolis, de la que proceden diversas esculturas funerarias, y se conocen restos de un acueducto y de diversas villae agrícolas. Esta interpretación configuró durante décadas la visión clásica de Lacipo dentro del paisaje urbano y rural de la Bética.

El catedrático Pedro Rodríguez Oliva, de la Universidad de Málaga —quien visitó las excavaciones de 1975—, rememoró aquellos trabajos en la ponencia inaugural, aportando además su experiencia y las investigaciones que ha desarrollado desde entonces.

Imagen: Esculturas de Lacipo localizadas en el Cortijo Ferrete (Casares, Málaga)
Fuente: Rodríguez Oliva, 2021

El contexto protohistórico que dio origen a Lacipo.

En la segunda ponencia, José Suárez Padilla, profesor del departamento de Ciencias Históricas de la Universidad de Málaga y especialista en el mundo fenicio, trazó el marco territorial previo a la fundación de Lacipo.

Suárez Padilla planteó un modelo de evolución de la ocupación del territorio desde los asentamientos de la Sierra de la Utrera al final de la Edad del Bronce, pasando a los Castillejos de Alcorrín —lugar de referencia entre la costa y el interior en el  periodo fenicio—, Villavieja, de nuevo en la Utrera (siglos VII–V a. C.), hasta ocupar el torreón de Lacipo en un momento indeterminado, donde se configuraría un oppidum, tal vez en el contexto de las guerras púnicas.

Cincuenta años de evolución de las técnicas arqueológicas.

En el medio siglo transcurrido desde las excavaciones de Puertas Tricas, la arqueología ha experimentado una profunda renovación metodológica, dando mayor peso a la estratigrafía.

Este avance fue el tema central de la ponencia de José María Tomassetti Guerra, quien reinterpretó la memoria original de la excavación (Puertas Tricas, 1982) desde la perspectiva de la metodología de registro de E. C. Harris (1989).

A tenor de lo expuesto en la memoria, su análisis sitúa la fase más antigua de Lacipo en el siglo I a. C., con construcciones levantadas entre ese siglo y el II d. C., remodelaciones y momentos de destrucción entre los siglos III y IV d. C., y un posterior uso como necrópolis en el siglo VII d. C.

Un nuevo modelo interpretativo para Lacipo.

Las recientes prospecciones y análisis del territorio —realizados por Tomassetti Guerra, Navarro Luengo y Martos Martín— han permitido identificar estructuras desconocidas que obligan a replantear la extensión y el carácter de la ciudad.

Entre estos indicios destacan los restos de la tríada de edificios de espectáculos, circo, anfiteatro y teatro, además de una calzada funeraria flanqueada por restos de posibles tumbas. Todo ello, unido a la proliferación de restos constructivos en la ladera oriental, sugiere que el yacimiento conocido en la corona de cerro podría corresponder a la segregación de una acrópolis amurallada en el marco de un asentamiento más amplio. Lacipo, además, extendería su dominio sobre un amplio territorio entre los ríos Guadiaro y Monterroso —e incluso más hacia el este, hacia los ríos Guadalmansa o Guadalmina—, y entre el mar y Sierra Bermeja.

Con el objetivo de confirmar la existencia de estos edificios de espectáculos, e incluso el lugar donde potencialmente podría ubicarse un circo, los promotores del aniversario propusieron al Ayuntamiento de Casares la aplicación de técnicas geofísicas no invasivas.

El Instituto Andaluz de Geofísica y Prevención de Desastres Sísmicos (Universidad de Granada) llevó a cabo perfiles geoeléctricos mediante tomografía eléctrica (2D-ERT), dirigidos por Teresa Teixidó i Ullod y José Antonio Peña Ruano, con la colaboración de Ástor Fernández Carballo y Luis Vizcaíno Dávila, responsables también de los vuelos realizados con drones con sensores LIDAR y multiespectrales.

Los resultados, presentados por Teixidó i Ullod y Fernández Carballo en estas Jornadas, son compatibles con la existencia de un teatro y un anfiteatro, aunque no se hallaron indicios del circo, para el que ya se ha propuesto una ubicación alternativa, pendiente de confirmación.

El arqueólogo Alejandro Jiménez Hernández, doctor especialista en este tipo de edificios romanos, confirmó la viabilidad estructural de ambas edificaciones, estimando aforos de 4.200 espectadores para el teatro y de entre 6.000 y 7.000 para el anfiteatro.

Jiménez apuntó la dificultad de localizar los circos, que a veces dejan pocas huellas materiales, pese a ser el tipo de espectáculo más común en el mundo romano, y que a menudo se construían con materiales efímeros sobre llanuras naturales.

Las monedas de Lacipo.

No pudo acompañarnos, por motivos personales, Francisco Jordi Páez, cuya ponencia se ofreció en formato grabado y emitida en diferido. Su estudio de las acuñaciones de Lacipo —con el toro y el delfín como símbolos principales— relaciona estas monedas con la ganadería, el comercio fluvio-marítimo y el culto a las deidades del panteón fenicio-púnico, como Baal y Tanit. Aunque Lacipo tuvo ceca propia, a tenor de todas las monedas inventariadas, su producción no fue muy numerosa.

Jordi realizó para preparar su ponencia una sistematización lo más actualizada posible. Aportó el paralelismo existente con la moneda sardo-púnica y explicó el motivo de su adopción como préstamo iconográfico para sus anversos. En cuanto a su adscripción étnica a los túrdulos, que convivían con los bástulo-púnicos en las costas meridionales de la península ibérica, el autor mostró su análoga relación tipológica con aquellos enclaves que acuñaron moneda donde se asentaron estos dos grupos étnicos, como fueron Asido (Medina Sidonia), Ituci (Tejada la Nueva, Paterna del Campo) o Bailo (Bolonia, Tarifa).

De Lacipo a Casares: historia de un paisaje.

La última intervención, a cargo de Ildefonso Navarro Luengo, abordó la evolución del paisaje casareño tras el abandono de Lacipo en la Tardoantigüedad.

La población puede ser localizada a partir del abandono de Lacipo en aldeas dispersas por el territorio, para concentrarse posteriormente, hacia el siglo IX d. C. en el asentamiento fortificado de la Cosalba, en la ladera suroccidental de Sierra Crestellina, y más tarde en el castillo y la villa de Casares, documentados en época nazarí.

Navarro amplió la lista de eruditos, viajeros e informantes que estudiaron Lacipo —de Fariñas a Blas Infante—, señalando especialmente nombres como Luis Soto Jiménez y Aranaz, quien contribuyó decisivamente a la recuperación de los relieves funerarios expuestos hoy en el Museo de Málaga, y Manuel Sánchez Bracho, figura local clave en el conocimiento de aspectos etnográficos del yacimiento.

El arqueólogo cerró su ponencia con una pregunta abierta: “¿Qué queremos para Lacipo?”. Planteó con ella una reflexión sobre el abandono que ha sufrido el enclave arqueológico en los últimos 50 años y sobre la necesidad de equilibrar la puesta en valor con la conservación patrimonial, algo que no siempre se lleva a cabo de forma acertada.

Mirando hacia el futuro.

El 50 aniversario de las excavaciones de Lacipo marca una oportunidad única para redefinir el conocimiento de la ciudad romana y fortalecer su protección.

Las líneas de trabajo propuestas —basadas en la colaboración entre administraciones, profesionales, empresas y propietarios— apuntan a un futuro donde Lacipo ocupe el lugar que merece en la historia del patrimonio del sur peninsular.

Referencias:

  • HARRIS, Edward C. (1989). Principes of Archaeological Stratigraphy. Academic Press, 170pp
  • PÉREZ RAMOS, Luis (dir.) (2025). Prospección superficial para revisión de la carta arqueológica municipal de Casares (Málaga). 180pp
  • PUERTAS TRICAS, Rafael (1982). Excavaciones arqueológicas en Lacipo (Casares, Málaga). Campañas de 1975 y 1976. Ministerio de Cultura. 335pp
  • RODRÍGUEZ OLIVA, Rafael (2021). “Fotografías de los relieves ibero-romanos de Lacipo en el archivo Carriazo”. Mainake 39:195-212
  • SUÁREZ PADILLA, José y TOMASSETTI GUERRA, José María (coord.) (2010). Carta Arqueológica de Casares, 470pp
  • TOMASSETTI GUERRA, José María y SUÁREZ PADILLA, José (2013). Revisión de información arqueológica en el término municipal de Casares: Sierra de la Utrrera, 57pp
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